El cuarto poder, en manos de la gente

¿Todos somos comunicadores en Twitter? (II)

El cuarto poder, en manos de la gente

 

La crisis de los medios ha favorecido la aparición de nuevas figuras, como la de los periodistas aficionados, personas que sin tener esta profesión han empezado a ejercerla gracias a las nuevas herramientas tecnológicas. A esa nueva forma de hacer periodismo se le ha llamado de muchas maneras: periodismo ciudadano, periodismo participativo, periodismo urbano, etc. (Rodríguez, 2011). Este concepto no tiene nada que ver con el de “periodismo electrónico” (Tejedor, 2006; Cabrera, 2001; Díaz y Salaverria, 2003; Edo, 2001), que sirvió en su día para subrayar la incorporación de las nuevas tecnologías a las redacciones.

El nuevo concepto pretende describir la participación de los ciudadanos en el ámbito informativo. Según Bowman y Willis (2003), es el acto de un ciudadano o grupo de ciudadanos en el proceso de recolección, análisis y difusión de noticias e información, con la intención de proporcionar una información independiente, fiable, precisa, amplia y relevante.

Es la comunicación o al periodismo ejercidos por ciudadanos que no necesariamente tienen la profesión de comunicadores o periodistas (Orihuela, 2005). En palabras de Víctor Sampedro (2008), “es la labor que como testigo, cronista, analista o comentarista ejerce de forma no remunerada un ciudadano no titulado en Ciencias de la Comunicación o alguien que al menos no es asalariado ni colaborador fijo y remunerado en un medio”.

Especialistas en comunicación ciudadana, como Óscar Espiritusanto (2011), la ven presente en las grandes noticias recientes: “El tsunami de Indonesia, (…) los atentados del metro de Londres, (…) las protestas en Birmania, (…) la marcha verde iraní”.

Hoy, con la divulgación masiva de los medios y las redes, la gente tiene en sus manos un enorme poder, afirma el profesor Howard Rheingold (2011): “Con 5000 millones de teléfonos móviles (…equipados con cámaras) y 2000 millones de cuentas de Internet, un porcentaje significativo de la raza humana dispone de una rotativa, una estación de radio, un organizador político y un mercado en su ordenador de sobremesa y en su bolsillo”.

Según el estudio Periodismo ciudadano: moda pasajera o el futuro de las noticias? El auge y perspectivas del periodismo hiperlocal, “el 82 % de los encuestados reconoce que estos medios ciudadanos proporcionan información local que no se encuentra en otros lugares” (Schaffer, 2007).

A esta comunicación en manos de la gente se le atribuyen los beneficios de ser un nuevo vigilante del poder, una herramienta de supervisión política y electoral, una alerta en situaciones de crisis como atentados, desastres y conflictos, un arma de defensa de los derechos humanos de inmensas minorías, un vehículo de solidaridad, un instrumento de educación y un espacio de información hiperlocal (Espiritusanto y Gonzalo, 2011). Los ejemplos de todo ello son numerosos.

La multiplicación de informadores aficionados ha favorecido también la segmentación y la especialización, y sobre todo la oferta, permitiendo con ello que hoy se pueda acceder a muchos más contenidos, incluso a muchos que antes no cabían en los medios o se percibían como lejanos (Bell, 2012).

Algunos estudiosos argumentan que se está operando un cambio de paradigma (Cardoso, 2011). La comunicación en red (Castells, 2002) ha hecho que obligatoriamente se mude del concepto de “público” al de “participante” (Cebrián, 2008). Los medios tradicionales no son ya los que proveen la información a audiencias masivas (Humanes, 2003).

Para Alfredo Hermida (2011), la frase “inteligencia colectiva” es útil para describir este fenómeno (Hermida, 2010) que él define como grupos de individuos haciendo cosas colectivamente que parecen inteligentes, como comunicarse, compartir y discutir acontecimientos que suceden a su alrededor.

Jeff Jarris, editor del blog BuzzMachine.com, cree que si le das el control a la gente, lo usará, porque los ciudadanos están hartos de ser considerados “lectores”, “espectadores” e incluso “consumidores”; quieren controlar, crear, recomendar y distribuir (Varela, 2005). La gente es productora de su propia realidad, cree Mark Deuze (2012), profesor de la Universidad de Ámsterdam y autor del libro Media Life. Según él, vivimos en los medios de comunicación, no con ellos. No sabemos qué es lo real ni qué es ficción. Tampoco podemos escapar de esta situación: hemos elegido vivir esta realidad.

Dan Gillmor es considerado por muchos como el padre de esta comunicación ciudadana, quizá por ser uno de los primeros en usar estos términos y en reflexionar sobre ellos. En 2005 abandonó su puesto en el periódico San Jose Mercury News, para poner en práctica diversos proyectos de periodismo ciudadano.

A él hay que sumar otros autores y obras importantes, como We Media: How audiences are shaping the future of news and information, de Shayne Bowman y Chris Willis (2003); o Multitudes Inteligentes: La próxima revolución social (Smart Mobs), de Howard Rheingold (2004); o Being Digital, de Nicholas Negroponte (1995).

Gillmor considera que esta comunicación participativa tiene muchas caras: “Desde una persona que toma una fotografía en el momento justo (…), hasta gente que mantiene una conversación en línea para lograr un mejor entendimiento de un tema en concreto. También se puede manifestar como un medio de comunicación que invita a los ciudadanos a participar, o como personas que tienen blogs, vídeoblogs o podcast, muchas, muchas cosas diferentes” (Espiritusanto, 2007).

Uno de los primeros experimentos en periodismo ciudadano fue Indymedia. El Independent Media Center (más conocido como Indymedia o IMC) nació a finales de 1999 para informar de las acciones protesta contra la reunión de la OMC que se celebró en Seattle (Washington) y actuar como un medio de comunicación alternativo a los medios oficiales (Indymedia, 2001).

Después de Seattle, la idea se extendió rápidamente. En 2002 había unos 90 sitios web de Indymedia en 31 países (incluidos los territorios palestinos); llegaron a ser más de 150, aunque en la actualidad no todos están activos.

También hay que citar algunas páginas que se han especializado en el análisis crítico de las noticias convencionales, como MediaChannel. O espacios web que se han concentrado en el seguimiento de las principales empresas e instituciones financieras, como Corporate Watch. Otras como One World, Wikinews y PR Watch (Dahlgren, 2010).

En Corea del Sur, en el año 2000, Oh Yeon-ho fundó OhmyNews, con el lema: “Cada ciudadano es un reportero” (Espiritusanto, 2011) . La versión coreana sigue funcionando, pero ha cesado su expansión internacional. OhmyNews Internacional ha estado diez años funcionando como medio pero ahora es blog.

En Francia, en marzo de 2005, nació la web, aún activa, agoravox.fr (Edo, 2009). En España, nacieron en 2007 algunos medios, como el aún activo bottup.com o el ya cerrado soitu.es. Para esas fechas ya funcionaban portales como meneame.net o digg.com (2004), que se basan en que cualquiera puede enviar una historia, pero solo ascenderá a la página principal si es promovida por los propios lectores. Estas experiencias han crecido junto a la explosión del fenómeno blog (Elías, 2009).

 

Arrabal, G. (2014) ¿Todos somos comunicadores con Twitter?, Ponencia presentada en el Workshop Prácticas culturales juveniles y movimientos sociales en el Mediterráneo: ¿Un cambio de época?, Universidad de Málaga, Málaga, 6 y 7 de noviembre de 2014

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