¿Todos somos comunicadores en Twitter?

¿Todos somos comunicadores con Twitter? (I)

Gabriel Arrabal Sánchez

 

En 2008, dos años después del nacimiento de Twitter, Mike Wilson se convirtió en reportero ocasional minutos después de que el Boeing 737 de Continental Airlines en el que viajaba se estrellara en Denver (Colorado) y envió al mundo el siguiente tuit: “Mierda, acabo de tener un accidente aéreo”.

Los medios de comunicación andan sumergidos desde hace varios decenios en una grave crisis. La reducción de la publicidad y la incapacidad para adaptarse a los nuevos escenarios han hecho que no encuentren “un modelo de negocio que les asegure su función social y su existencia” (Rodríguez, 2011).

La crisis económica ha derivado en crisis de credibilidad: la gente ya no cree en su objetividad (Campos, 2010) ni en su sincera búsqueda de la verdad (Varela, 2005). Esta pérdida de esencia ha generado una crisis de identidad en los mismos actores, que añoraban el protagonismo y el reconocimiento social de antaño (García de Madariaga, 2006).

“¿Quién ha asesinado al periódico?” fue la pregunta que el semanario The Economist lanzó en su portada en agosto de 2006, para describir un escenario agonizante para la prensa de pago. Ese mismo año, la Universidad de Harvard publicaba el informe Goodby Gutenberg, que analizaba la crisis de la prensa tradicional y el impacto de los medios digitales en la creación de nuevos escenarios (Nieman Reports, 2006).

En julio de 2014, la agencia AP anunciaba que su apuesta de futuro era “menos humanos y más máquinas”: “En lugar de generar 300 historias manualmente, podemos ofrecer alrededor de 4400 automáticamente” (El Mundo, 2014).

En realidad, nada nuevo. En su día se pronosticó el fin de la industria editorial: ¿Hemos llegado al final de la publicación de libros tal como la conocemos?, rezaba el titular de The New York Times (2008). También se vaticinó el fin de la televisión. Y el mismo Francis Ford Coppola realizaba afirmaciones tan contundentes como esta: “El cine como lo conocemos se está cayendo a pedazos porque hay muchas cosas compitiendo para conseguir el tiempo de la gente” (Bloomberg, 2009). Tampoco la lectura se había librado de un pronóstico tan pesimista, sobre todo desde la aparición de un Internet mucho más gráfico que se suponía que nos iba a convertir en analfabetos (Maristain, 2011).

El panorama actual de los medios de comunicación tradicionales no es muy optimista: cadenas de radio que dejan de emitir, cabeceras que cierran, expedientes de regulación de empleo que diezman las plantillas, paro en la profesión.

En España, la crisis económica se había llevado por delante a 284 medios de comunicación y 9471 empleados, según el Informe anual de la profesión periodística, que presentaba en enero de 2014 la Asociación de la Prensa de Madrid (APM, 2014). De los que quedaban, la mitad había sufrido algún ERE o recorte en sus empresas.

En EEUU, los medios de comunicación llevaban, a finales de 2012, un total de 25 trimestres consecutivos de descenso de los ingresos de publicidad (Langeveld, 2012). Se reaccionaba con rondas de recorte del gasto, sobre todo de plantilla, aplazando el reconocimiento de que esto había cambiado y ya no había vuelta atrás.

Ante esta hecatombe, algunos medios han apostado por investigar nuevas presencias. Unas veces con suerte y otras sin ella. En 2011, por ejemplo, se anunció que uno de los gigantes de la comunicación, News Corporation, estaba interesado en crear un periódico pensado solo para tabletas. El proyecto, The Daily, vio la luz el 2 de febrero de 2011 (Castillo, 2011). Sin embargo, el 3 de diciembre de 2012, la empresa anunció que lo cerraría como parte de un proceso de reorganización interna (Tartaglione, 2012).

El proyecto no funcionó, entre otras cosas por el descrédito de las escuchas ilegales de News of the World, pero los datos sobre el consumo de periódicos en estos nuevos dispositivos deberían haber jugado a su favor (Langeveld, 2012).

 

Arrabal, G. (2014) ¿Todos somos comunicadores con Twitter?, Ponencia presentada en el Workshop Prácticas culturales juveniles y movimientos sociales en el Mediterráneo: ¿Un cambio de época?, Universidad de Málaga, Málaga, 6 y 7 de noviembre de 2014

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