Twitter, herramienta para aficionados y profesionales

¿Todos somos comunicadores en Twitter? (V)

Twitter, herramienta para aficionados y profesionales

Si hay una red social en la que el periodismo se ha sentido especialmente cómodo ha sido Twitter. Los perfiles de los medios de comunicación y de los comunicadores son seguidos por millones de usuarios en Twitter.

Periódicos como The New York Times han tenido que aumentar en los últimos años el personal y establecer protocolos de actuación para asegurar el cubrimiento correcto de las noticias a través de Twitter (Roston, 2014).

Alan Rusbridger (2010), editor jefe de The Guardian, enumera el listado de virtudes que convierte a Twitter en “muy importante” para los medios: es una forma potente de difundir ideas y contenidos; es el lugar donde las cosas suceden primero; puede usarse como un potente motor de búsqueda; si se sigue a personas interesantes, se convierte en un servicio de noticias personalizado; permite contrastar con las fuentes y con el público para saber lo que realmente ellos consideran que es noticia, etc.

Hay muchas razones para explicar que tuitear se haya convertido en algo casi obligatorio en algunas redacciones. Twitter permite a los periodistas pedir opiniones de forma rápida sobre noticias, sobre sus consecuencias o incluso sobre temas que aún no se han publicado (Noguera, 2013). Es cómodo para entrar en contacto con otros periodistas, generar contactos y desarrollar relaciones más significativas y recíprocas con el público (Posetti, 2009).

Además, Twitter es veloz y su breve. Ideal para lanzar primicias a los lectores. Y, a diferencia de la mensajería instantánea, genera un nuevo cuerpo de contenido que se puede buscar y archivar (Hermida, 2010).

Otro aspecto atractivo de Twitter es el perfil adulto de los usuarios de esta plataforma. Los tuiteros suelen ser personas de entre 35 y 49 años, un público “más serio” que el de otras redes y más interesado en las noticias (Miller, 2009).

El periódico The Oregonian, de Portland, fue de los primeros en publicar sus propios enlaces y agregar los tuits de los ciudadanos sobre las inundaciones y los cierres de carreteras durante las fuertes tormentas que sacudieron el centro de Oregon a finales de 2007 (Farhi, 2009).

La adopción de Twitter como herramienta de trabajo periodística ha sido tal que ya en febrero de 2009, un juez federal de Estados Unidos dio permiso a Ron Sylvester, del diario The Wichita Eagle, para que usara Twitter para informar sobre un juicio de seis pandilleros. Se trataba del primer tuiteo en tiempo real que se iba a realizar desde un tribunal federal (The Associated Press, 2009).

Paul Grabowicz, director del programa New Media de la Escuela de Periodismo de la Universidad de California Berkeley, se permite afirmar: “Si estuviera al frente de una corporación mediática, en la sala de prensa, Twitter sería tan esencial como los teléfonos y las libretas. Les preguntaría a todos en mi staff: ¿Quiénes son las personas y los grupos a los que quieren llegar? ¿Ya abrieron una lista en Twitter para seguirlos?” (Farhi, 2009).

Alfredo Hermida también cree que Twitter puede ayudarnos a hacer un mejor periodismo: “Por ejemplo, decir que estoy trabajando en un artículo sobre tal asunto y preguntar con quién debería hablar y qué recursos debería conseguir” (De Alfaga, 2009).

La literatura académica sobre el impacto de Twitter en el periodismo es todavía muy limitada. Incluso no se puede ocultar que en el sector también ha habido incluso un cierto grado de burla y escepticismo, incluso de periodistas experimentados. La destacada columnista de The New York Times Maureen Dowd (2009), por ejemplo, lo describió como “un juguete para la aburrida gente famosa y para las niñas de secundaria”.

El debate generado en la profesión ha puesto de relieve también la necesidad de que los medios se dotaran de directrices sobre el uso de Twitter en sus redacciones (Wasserman, 2009). De hecho, muchos medios han redactado en estos años normas de uso de estas redes (Arrabal, 2014).

Pero existe un debate en las redacciones que afecta a la esencia de la profesión: hasta qué punto Twitter aporta a la comunicación veracidad y validez de los mensajes (Hermida y Thurman, 2009). La preocupación de algunos profesionales del sector es que muchos de los mensajes de Twitter recogen rumores sin fundamento e inexactitudes (Sutter, 2009). Incluso los más recalcitrantes tuitterescépticos piensan que acudir a Twitter a buscar información es como buscar un consejo médico en un concilio de curanderos (Goodman, 2009).

Muchos creen que hallar información relevante en Twitter puede ser una tarea irritante. Que hay que sortear toneladas de basura, de tuits absolutamente irrelevantes, antes de encontrar una información valiosa. Y llegan a preguntarse si de verdad necesitamos a Twitter para eso.

El corsé de los 140 caracteres de Twitter es otra gran limitación que hace que a veces se confíe a ciegas en lo que los enlaces que incluye puedan ofrecer. Esta confianza se ve en muchas ocasiones decepcionada, pues los enlaces de destino pueden resultarnos nada interesantes.

La estructura del Timeline de Twitter también ha sido cuestionada. Se desconoce la eficacia real de los tuits publicados. Los tuits caen en las cronologías, se acumulan en ellas y se pierden bajo otros. Muchos creen que nadie vuelve atrás para leer tuits publicados horas antes.

La presencia de perfiles anónimos generan muchas deserciones. En España se desató una gran polémica, sobre todo a raíz de la publicación de numerosos tuits ofensivos tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, en mayo de 2014. Los partidos políticos empezaron a hablar de la necesidad de poner coto a ese tipo de mensajes en Twitter y la opinión publicada subrayó esta fragilidad de la plataforma (Ramírez, 2014).

En un ámbito completamente distinto, otro de los asuntos que también preocupan es la continuidad del servicio. Twitter no es rentable y podría ser inviable. La compañía aún no sabe cómo convertir a sus millones de usuarios en clientes. Además, está el reto de la fidelización, otra de las asignaturas pendientes de esta red. En 2009, un estudio realizado por Nielsen afirmaba que el 60 % de la gente que abría una cuenta en Twitter no regresaba al mes siguiente.

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