Condenados a entendernos: periodismo ciudadano y profesional

¿Todos somos comunicadores en Twitter? (IV)

Condenados a entendernos

 

Más que en establecer dualismos excluyentes, desde planteamientos epistemológicos y funcionales enfrentados, hoy parece haber mayor coincidencia, en cambio, en valorar las aportaciones de la comunicación ciudadana a la comunicación profesional.

José Luis Orihuela (2005) cree que los medios participativos no sustituyen a los medios tradicionales, pero sí les están obligando a cambiar. Y según él, una de las primeras lecciones que les están enseñando es que la comunicación es una conversación, y como tal requiere interlocutores que se escuchen y se respeten (Varela, 2005).

En la misma línea se manifiesta Dan Gillmor: “Los periodistas deben dejar de creerse oráculos y guiar al público a la información, aunque sea a la de otro, aunque la haya elaborado la competencia. (…) Hay blogueros que hacen ese trabajo desde hace tiempo y lo hacen mucho mejor que algunas publicaciones tradicionales. Estos tienen que ampliar sus miras” (El Confidencial, 2007)..

Pero también Gillmor huye de cualquier falso dualismo: “La prensa tradicional va a seguir siendo necesaria. Los blogueros no quieren sustituir a los periodistas. Lo que pasa es que todos tenemos historias que contar. Y es inherente al ser humano el querer hacerlo. Pero los profesionales deberían celebrar la participación ciudadana en la creación de noticias y preocuparse más bien por el futuro de la publicidad” (Celis, 2006).

El enfoque personal y la gestión de errores son asignaturas pendientes de los medios tradicionales, acusados con frecuencia por los medios alternativos de prepotencia y de no reconocer sus propios errores, aunque los códigos deontológicos creados por ellos mismos insistan en la importancia de hacerlo.

La diversificación de fuentes y la incorporación de nuevos formatos son, según Orihuela, algo que también los medios tradicionales tendrán que asumir para dar espacio a nuevos interlocutores y aportar frescura a la información.

Lo mismo vale decir respecto al ritmo de trabajo: en las redacciones de los medios ya no se dice “lo quiero para hoy” refiriéndose a la hora del cierre. Internet ha terminado con la hora del cierre y ha hecho que el tiempo real entre en las redacciones (Vargas, 2012).

La comunicación profesional también debe adaptarse con rapidez a los nuevos formatos: el 50 % del consumo de contenidos informativos se hace ya desde dispositivos móviles (Narisetti, 2014), algo así como llevar periódicos y teles en el bolsillo (De Aguilera, 2009).

La reinvención de los medios tradicionales (Orihuela, 2005) debe llegar a las redacciones: “Los jefes de redacción deberían expresar de un modo más contundente que en 2013 el rol de un periodista incluye la responsabilidad de generar más audiencia digital para sus contenidos (Narisetti, 2012).

Las nuevas tecnologías exigen profesionales multimedia. Pero lo que los medios hoy demandan no son especialistas informáticos (Túñez, Martínez y Abejón, 2010), sino periodistas capaces de olfatear una noticia, verificarla y difundirla, con todo lo que eso significa, en distintos formatos.

Puede tener razón Esther Vargas cuando afirma que encontrar a un buen periodista del siglo XXI es mucho más difícil que encontrar a un periodista de medios tradicionales. Internet no da pausas: “Hay que cruzar fuentes contra el tiempo, corroborar datos en chats, en Google (saber googlear), en Wikipedia (desconfiando también de la enciclopedia online) y las bases de datos online. Hay que saber construir historias a seis manos si es necesario (amamos Dropbox y también Google Drive) o en línea, gracias a Storify. Y además de todo esto, quizá, sin movernos, debemos conversar con la audiencia y buscar viralizar determinadas historias” (Vargas, 2012).

Medios españoles de periodismo ciudadano, como Bottup (2007), consideran que el periodismo profesional es compatible con el periodismo ciudadano (Hernández, 2012): “En nuestra redacción de periodistas profesionales hemos editado más de 8000 noticias de más de 2000 ciudadanos de todo el mundo. Hemos contrastado, verificado, ampliado, corregido ortografía y estilo, adaptado imágenes y vídeos… Decenas de miles de horas de trabajo. Vamos a seguir haciéndolo y, además, estamos trabajando para que cualquier periodista profesional de cualquier parte del mundo pueda en el futuro formar parte de este proceso de edición global” (Bottup, 2013).

De lo que no hay duda es de estar viviendo en muy pocos años un cambio en los paradigmas tradicionales de la comunicación, que afecta tanto a los medios como a los procesos de trabajo, a los roles (Alonso y Arévalos, 2009) y a la industria. Según el Informe Pew 2013, el crecimiento de los contenidos de pago puede tener un impacto significativo en los nuevos soportes de los medios. De hecho, 450 de los 1380 diarios de Estados Unidos han iniciado o anunciado planes para orientarse hacia algún tipo de suscripción. The New York Times ya tiene más ingresos por suscripciones que por publicidad. En cambio, otros medios, como The Guardian, se han convertido en los mayores defensores de una información abierta.

 

Arrabal, G. (2014) ¿Todos somos comunicadores con Twitter?, Ponencia presentada en el Workshop Prácticas culturales juveniles y movimientos sociales en el Mediterráneo: ¿Un cambio de época?, Universidad de Málaga, Málaga, 6 y 7 de noviembre de 2014

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *