No es oro todo lo que reluce en el periodismo ciudadano

¿Todos somos comunicadores en Twitter? (III)

No es oro todo lo que reluce

 

Algunos analistas vieron en el auge de la comunicación ciudadana un signo del declive del periodismo tradicional y pronosticaron su ocaso. El profesional parecía que ya no fuera necesario (Real, Agudiez y Príncipe, 2007), ni siquiera la empresa periodística… Lo que él hacía lo pueden hacer ahora otros. Y de forma fácil. Con pocos medios se crea una página web o una aplicación y se cuentan las noticias.

Sin embargo, la comunicación ciudadana también tiene limitaciones. Una de sus debilidades podría ser que en su deseo de ruptura y originalidad pasara por encima de los criterios deontológicos del periodismo tradicional, especialmente de la obligación de contrastar las fuentes y verificar la noticia, lo que sería como volver al periodismo amarillo (Martínez, 2007).

Otra debilidad es podría ser usada por colectivos diversos para manipular a la población y orientarla hacia los propios intereses ideológicos, políticos y económicos. Además, está lo relacionado con los derechos de autor. El uso de textos, vídeos o fotografías o su ofrecimiento, sobre los que no se tiene ningún tipo de cesión de derechos puede infringir seriamente la legislación relativa a propiedad intelectual.

Para colmo, podría darse la paradoja de que estos ciudadanos, en el caso de que vulnerasen algunos de los derechos establecidos en la legislación, se vieran ante el sinsentido de además de no recibir remuneración por sus trabajos, carecer de la cobertura legal y empresarial de los profesionales, amén de seguros de responsabilidad civil y, por tanto, carecer de protección alguna.

Los atentados de Boston, en abril de 2013, despertaron también una voz de alarma: la red social Reddit tuvo que disculparse por haber convertido su página web en una especie de caza de brujas manejada por aprendices de periodistas y de detectives, quienes, buscando pistas sobre la autoría publicaron fotografías de “personas inocentes” (Huffington Post, 2013).

La sobreinformación actual hace que a veces se genere un bucle informativo maligno en el que blogs de personajes anónimos y blogs de periodistas contrastados se retroalimenten, confíen mutuamente en la solvencia de sus fuentes, aunque no siempre contrastadas, y creen informaciones que a su vez sirvan de base para otras informaciones, generando un círculo vicioso de noticias falsas hipervinculadas (Caldevilla y González, 2003).

El periodismo ciudadano aporta mucha información gracias a la omnipresencia de los instrumentos digitales, pero carecen de “investigación”, un elemento clave en un periodismo de calidad (Varela, 2005). Sin investigación no hay hermenéutica ni interpretación de la realidad, habilidad que se presupone en el comunicador, que no es un mero intermediario entre el hecho y el público (Real, Agudiez y Príncipe, 2007).

Howard Rheingold (2011) subraya la importancia de la verificación: “Los periodistas no son solo reporteros que tuitean desde una manifestación o publican fotos de sucesos o eventos potencialmente noticiosos. Los periodistas trabajan fundamentalmente para verificar la información y las pistas que reciben de los ciudadanos. Muchos de los tuits que llegaron desde Teherán y Bombay resultaron no ser ciertos. No hay garantía de que la información que llega de primera mano sobre una noticia sea cierta”.

“¿Cualquier ciudadano puede convertirse en periodista?”, se pregunta Carlos Maciá (2007). Cabría pensar que sí, afirma, pero no de un día para otro. Ni siquiera todos los ciudadanos lo lograrían, sobre todo en aquellos géneros periodísticos que entrañan mayor dificultad y cuestan incluso para los periodistas veteranos.

Además de verificar un dato, el periodista debe averiguar todos los puntos de vista posibles sobre un determinado asunto: conocer las versiones, sus aristas, su dimensión real. Es decir, debe ser capaz de contextualizar los hechos, investigar sus antecedentes, preguntarse por las causas y transformar todo eso en una historia. Historia que hay que saber contar.

Algunos medios se están dando cuenta de esto y quieran ir más allá del retuiteo y del directo social para pintar un cuadro más amplio en el que el “contexto” sea el rey: The New York Times y The Times son buenos ejemplos de materiales de apoyo para la contextualización de sucesos (Zamora, 2012).

Los aspectos que más subraya la literatura académica que pueden unir o separar a los comunicadores ciudadanos y a los profesionales suelen ser la verificación, la contextualización y jerarquización, la capacidad para valorar y establecer una línea editorial, la capacidad de separar opinión de información y la habilidad para narrar y describir un hecho en distintos soportes y géneros (Carrera, 2012).

 

Arrabal, G. (2014) ¿Todos somos comunicadores con Twitter?, Ponencia presentada en el Workshop Prácticas culturales juveniles y movimientos sociales en el Mediterráneo: ¿Un cambio de época?, Universidad de Málaga, Málaga, 6 y 7 de noviembre de 2014

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